22 de septiembre de 2008

EL QUIJOTE DEL ESPACIO (CUENTACUENTOS)


La felicidad no sólo se halla en la dicha, si no también en aprender a aceptar que la misma viene de todo lo bueno y sobretodo de todo lo malo que nos pasa.

La historia habla de un hombre que enloqueció de amor, sufría tanto que al final creo su propio e inhóspito mundo.
No vendría a ser algo nuevo, ya en los tiempos de Cervantes, Don Quijote enloqueció por amor como tantos otros a lo largo del tiempo.

Ismael vivía enfundado en su personaje de extraterrestre que venía a destruir la tierra y no pudo hacerlo porque se enamoró perdidamente de una humana, así que para conquistar a semejante belleza cambió su plan de destruir por el de ayudar a los terrícolas.
En su aventura, la tierra no era solo un lugar más, sino el centro del universo, el lugar más grande jamás visto, el único centro de control del espacio infinito, así pues en su camino se cruzaron especies del más allá que querían el control de la tierra para sus propósitos. Ismael no podía consentirlo, ya que su única visión era la dulzura de esa mujer que le sembró tornillos equivocados en su cabeza.

La realidad era que después del "No" de Rebeca, Ismael enamorado hasta la médula, perdido, quiso evitar el lastre y la tristeza de perder al que pensaba era el amor de su vida y cambió eso por la felicidad de ser un extraterrestre enamorado en busca de la paz y del amor eterno.

Su desquicio le llevó a diversos médicos mentales, los cuales veía como portavoces de su planeta.
En alguna ocasión le dijo a su psiquiatra que era un traidor, que había vendido su alma al mejor postor cuando este le recetaba pastillas.
Ismael no duró mucho en el mundo de la realidad, incluso en su propia ficción acabó encerrado en un centro psiquiátrico que el llamaba submundo protegido. Allí se imaginaba a su enamorada viajando con él sobre los cielos de la tierra, paseando por el universo, visitando planetas lejanos de una belleza inconmensurables. Sus ojos ya solo podían ver a su terrícola femenina mientras la camisa de fuerza le apretaba tanto que se le desorbitaban los ojos.


Ismael murió al poco tiempo de estar encerrado... Dejó de comer pensando que su cuerpo no lo necesitaba, dejó de moverse y se quedó postrado en su cama velando por la seguridad de su amada, y finalmente sin mover ni un solo dedo se fue con ella para siempre.


Para la gente fue un desenlace triste, un final que nadie podía imaginar, ¿como aquel chico tan entusiasta pudo acabar de eso modo? Incluso Rebeca se sintió culpable al conocer los pormenores de la situación, la tristeza y la pena, la incredibilidad de lo ocurrido, todo el pesar del mundo destrozó a su entorno más cercano, pero esa es la realidad, la que vemos todos los días desde fuera.

La ficción puede ser más real que cualquier realidad.

Ismael murió con una sonrisa en su rostro, preso en su mundo de felicidad que él mismo decidió escoger, él se fue feliz, se fue acrecentado en la conquista de Rebeca y en la defensa de la tierra... de ahí la primera frase de este texto...

Porque la felicidad es muy relativa dependiendo de los ojos que la miren y del corazón que la sienta.


Fin.

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CUENTACUENTOS.


Mundoyas

3 comentarios:

*Sechat* dijo...

Ciertamente vista desde fuera, resulta una historia descorazonadora, pero también es verdad que muchas veces quien lo vive en primera persona, incluso al borde de la locura es feliz. Me explico, "todo depende del cristal con que se mira" y él supo aceptar su vida tal y como surgía a su paso. Quizá el truco radique verdaderamente en eso: saber valorar lo que tenemos en su justa medida. Un saludo.

ninive dijo...

La felicidad,a tenor de las historias que voy leyendo,es mucho más complicado que el ser felíz.
Muy bueno el ángulo desde el que el tomas la frase.
Realidad y ficción frente a frente y completando el cuadrado la felicidad y la tristeza.Y en medio él.Y tu historia da para muchos temas a debatir,pero lo que cuenta es que posiblemente murió felíz :)
Un abrazo killo!

Anónimo dijo...

Importante buscar: microchip-666 y plan de exterminio mundial.